Un momento de La noche toledana. Foto: Ceferino López.
Un momento de La noche toledana. Foto: Ceferino López.

La noche más larga según Lope de Vega

JAVIER LÓPEZ REJAS 

La Compañía Nacional de Teatro Clásico tira de cantera para llevar al escenario del Pavón, el martes, 7, 'La noche toledana' de Lope de Vega. La obra podrá verse también durante el verano en los festivales de Alcalá y Almagro.


“Es una obra plagada de feromonas en un lugar en el que los personajes convergen unos como huida de sus actos irracionales motivados por los celos; otros como una forma de escapar físicamente de la agobiante presencia de quien quiere poseer sin ser correspondido, y algunos más que, pasando por allí, terminan enredados en el juego de la seducción”. Las palabras de Carlos Marchena resumen así la energía que desprende La noche toledana, una obra de 1605 en la que Lope de Vega plantea un vertiginoso juego teatral a través del enredo y la comedia con el amor como motor que lo impregna todo.

La tercera promoción de la Joven Compañía Nacional de Teatro Clásico vuelve sobre el dramaturgo madrileño para su debut. Las anteriores subieron a las tablas de la CNTC Las bizarrías de Belisa, La noche de San Juan, La moza de cántaro y Todo es enredos de amor. Esta recién renovada compañía llevará también “su” Lope al Festival de Almagro el próximo mes de julio, una cita en la que la directora de la Compañía, Helena Pimenta, presenta La verdad sospechosa, de Ruiz de Alarcón, en versión de Ignacio García May (éste, a su vez, hace doblete con Tomás Moro, una utopía, que llega de la mano de la Universidad Internacional de La Rioja bajo la dirección de Tamzin Townsend).

Anacronismos y comprensión

La versión de La noche toledana, realizada por Daniel Pérez, contiene pequeños cambios en los nombres de los personajes con el objeto de intentar que hubiese un equilibrio entre hombres y mujeres. “Se optó por cambiar personajes masculinos a femeninos. Sus textos no se han visto alterados por esta modificación, tan sólo cuando se ha dado el caso de rimar el nombre al final del verso. Solucionado este problema del elenco -explica Daniel Pérez-, que va al completo conforme al original, el trabajo ha consistido en aligerar el texto de aquellos anacronismos que podían dificultar su comprensión, dejando expresiones o palabras que aunque no son muy usadas se comprenden con facilidad en el contexto de la acción”.

Para Carlos Marchena, profesor también de la Escuela Superior de Arte Dramático de Castilla y León, esta obra tiene todos los ingredientes recurrentes del amor, desde los más elevados a los más viscerales: “Es algo con lo que todos somos capaces de identificarnos porque es una necesidad de sentirnos deseados como forma de autoafirmación del yo. Nos encontramos la obra de un Lope joven en la que refleja sus propias contradicciones y experiencias amorosas”. Marchena ha querido potenciar una cierta actualización de la puesta en escena con el fin de acercar la estética barroca a la actualidad para que el carácter veinteañero de los personajes resulte en todo momento cercano y reconocible. “He intentado que la frescura y la energía de todo el equipo queden impregnados en esta Noche toledana”.

La obra, cuyo antecedente más inmediato es el montaje dirigido por Juan Pedro Aguilar en el Centro Cultural Conde Duque en 1990 (protagonizado por Juan Meseguer, Arturo Querejeta y Blanca Marsillach) ha sido actualizada por Marchena en una coyuntura que califica estética y estilísticamente como “un bufé libre en el que cada uno mezcla a su gusto, como en la nueva cocina, con el fin de encontrar una poética que sea capaz de marcar tendencia. Gracias a la aldea global vivimos bajo la corriente de la mezcla y la contaminación”.
Fuente: El Cultural

Stanislavblog

por Liz Perales

Tótum revolútum en la cartelera


El signo de los tiempos nos ha traído un tótum revolútum en la cartelera teatral. Acostumbrados a distinguir entre escenarios de primera, de segunda y de tercera división, -según la complejidad y el precio de las producciones, de la celebridad y el caché de sus artistas, del perfil de su público y de las dimensiones de las salas-, esta estructura se está viniendo abajo. Y así ahora empieza a ser común ver en los pagos alternativos a actores de fama que, en época de bonanza, se movían en otros ambientes. Recientemente, en Madrid Pedro Mari Sánchez y Enric Benavent (Cuando cuente hasta tres) compartían hace unos meses escenario en Microteatro, Bárbara Lennie (Breve ejercicio para sobrevivir) en La Casa de la portera, o Alberto San Juan y Nuria Gallardo (Recortes) en Cuarta Pared.

Más sorpresa causa que teatros públicos, entregados antaño a la alegre tarea de acometer caras producciones, se nutran ahora de trabajos producidos por las salas alternativas. El Español acoge hasta el 31 de marzo una rareza escénica de la sala Tribueñe (Donde mira el ruiseñor cuando cruje una rama); ha cedido también la Cineteca del Matadero para que la sala Kubik Fabrik programe allí lo que tenía previsto para su espacio de Usera si el Ayuntamiento no se lo hubiera precintado; e Invierno en el barrio rojo, estrenada en la Mirador y dirigida por Marta Etura, se ha exhibido en su sala pequeña. Estas pasadas Navidades los Teatros del Canal ofrecieron dos piezas del repertorio de la sala Guindalera (La larga cena de Navidad y Odio a Hamlet). Y, recientemente, una obra estrenada en Microteatro, protagonizada por Isabel Stoffel (La rendición) estuvo en el Centro Dramático Nacional. La Abadía anuncia la reposición de una obra producida hace dos temporadas, La función por hacer, primero exhibida en un teatro privado, más tarde en el Español. ¿Qué está pasando?

Hasta ahora el discurso imperante era que los escenarios públicos existían para acoger el teatro de difícil salida comercial, el de creación contemporánea, el de interés artístico por las razones que fueren. En realidad, este cometido lo han cumplido de forma testimonial, muchas veces han sido acusados de hacer competencia desleal al teatro comercial o dedicarse a organizar grandes fastos y programar carísimas producciones. No se han distinguido precisamente por la investigación y el desarrollo de proyectos originales y de nuevas dramaturgias. Y ahora tampoco, con la salvedad del Centro Dramático Nacional que, mediante la coproducción con compañías independientes, está mostrando una vocación por escenificar autores contemporáneos españoles.

No hay dinero en el teatro público y, sin embargo, hay efervescencia en salas alternativas y privadas, de equipos que con cuatro duros se empeñan y dedican sus ilusiones y su trabajo a hacer teatro, de actores célebres que se ven obligados a bajar sus cachés o ir a taquilla para seguir con su actividad. A partir de ahora la frontera entre teatro público, privado y alternativo va a ser cada vez más difusa.

Un diagnóstico urgente para el teatro

Productores, autores y exhibidores toman la palabra en el Mercado de las Artes Escénicas, del que saldrá un manifiesto sobre la situación del sector

MARTA CABALLERO | Publicado el 11/12/2012

La crisis impone obras destinadas a públicos más amplios y hace decrecer el riesgo y las nuevas producciones


Ha sido un año difícil para el teatro. A él, que cuando arreciaba la crisis en el cine, se vanagloriaba de vivir su mejor momento, le han llegado también los recortes, el golpe mortal de la subida del IVA, la fulminación de subvenciones y la morosidad de los ayuntamientos. Se sigue haciendo mucho teatro en España, especialmente en los focos principales, Madrid y Barcelona, hay una audiencia y hay talento en la nueva generación de dramaturgos, a pesar de la profusión de clásicos anglosajones en la cartelera, pero la crisis del sector empieza a notarse en las tendencias de una escena en la que, atendiendo a la temporada presente, abundan las reposiciones y que arriesga menos ahora.

A pesar de ser una feria orientada al mercado, Mercartes no puede mirar para lado y aprovechará su quinta edición, que arranca este miércoles en Sevilla, para poner todos estos temas sobre la mesa. Durante estos días, varias asociaciones de teatros presentarán un informe sobre los funestos datos del sector, especialmente a partir de la subida del IVA, y buscarán el debate con todos los agentes para redactar un manifiesto común que harán llegar a las administraciones. La unidad en este momento será su baza para hacer frente a una coyuntura que, declaran algunos de los participantes, puede tardar mucho tiempo en mejorar, especialmente si las plegarias para volver al IVA reducido en la cultura no son escuchadas. En mitad de la tormenta, ¿Se está resintiendo la calidad del teatro? ¿Se venderán en esta edición de Mercartes productos destinados a un público mayoritario?

Uno de los participantes en la cita es Daniel Martínez, director de la empresa teatral Focus. En su opinión, el mal momento del teatro está cambiando los parámetros de la producción fundamentalmente en un aspecto: "Ante la bajada de espectadores y la reducción de recursos públicos, hay menos posibilidades de inversión y esto afecta a los formatos. Existe el peligro de la vanalización de los montajes, una elección que sólo es una solución a corto plazo y que produce una erosión tremenda en un sector que tenía un nivel alto". Esta tendencia a lo fácil que se percibe ya en las producciones recientes, vista la abundancia de obras de humor con las que, soluciona el empresario, se pretende buscar el extrañamiento respecto a la situación actual y también la risa. Sin embargo, cree Martínez que el problema grave es que la escena acabe bajando puestos en el lugar que debe ocupar dentro de la culturalización de la ciudadanía.

"Reponer no es malo si se hace porque la obra en cuestión se retiró con público pendiente, es frecuente en toda Europa, incluso en los grandes teatros públicos europeos, en los que existe el repertorio. No era un uso español y no está mal como recurso, aunque no soluciona nada, salvo que gastas menos en producción. Todas las reposiciones de montajes que tuvieron éxito son positivas. Si se hace un Hamlet nuevo cada dos años no pasa nada, el problema es cuando es exactamente igual al anterior, eso es señal de que algo va mal. La exhibición ha bajado por encima 60 por ciento. Fue bien hasta el ataque tremendo del 31 de agosto, el del IVA", señala Martínez, que apunta a otros males, como la desertización de las programaciones públicas en los teatros de provincias o la morosidad de los Ayuntamientos, a pesar de que todo lo que se debía del pasado año, recuerda, sí se cobró.

Por su parte, José Luis Rivero, Presidente de la Red de Teatros Nacionales, una de las asociaciones que firmarán el manifiesto, considera que la crisis del sector, como la de toda la economía, está afectando a los escenarios de manera directa pero también al propio tejido productivo de las compañías de teatro, danza y música. "Se han tomado medidas rápidamente sin analizar los factores de riesgo asociados. Los teatros hemos reaccionado para poder ir implementando otras fórmulas: por ejemplo, cambiando la forma de percibir los cachés, haciendo que trabajaran a taquilla... pero en esto llega el problema del IVA que se carga sobre las compañías que trabajan a taquilla. La situación es preocupante. Tenemos que encontrar nuevas vías y a eso está orientado este Mercartes, a mostrar que somos un sector unido, porque es vital para ser una voz autorizada, y a buscar nuevas fórmulas", propone. Sostiene Rivero que por lo reciente de la subida de la tasa aún no se puede ver la incidencia de la medida en el sector, pero sí se observa ya claramente que los niveles de programación han bajado con respecto al semestre anterior de este mismo año. "No es tanto una bajada en la calidad del producto como una reutilización de producciones anteriores ante la imposibilidad de producir algo nuevo. No ha bajado la calidad, pero sí las posibilidades de visibilidad, y eso a su vez hará que disminuya la competitividad en el mercado artístico, también en el extranjero", aporta.

Rivero, que además dirige el Auditorio de Tenerife, coincide con el director de Focus en la imposición de nuevos géneros relacionados con el gran público, como la magia y la música y también determinados estilos más vinculados a la comedia o de lenguajes de menos riesgo. "Lo que hay que tener en cuenta es una pérdida del poder adquisitivo del ciudadano, que ha visto reducido su acceso a la cultura pero no su confianza en las artes escénicas. No queremos perder lo que se ha construido en años anteriores. Se están tomando medidas que se nos avisan como coyunturales pero que son estructurales y que pueden arrasar todo", protesta Rivero, que además abunda en la importancia de una reunión pronta con la administración.

En cuanto a los autores, también tendrán un papel protagonista en Mercartes, donde se celebrará un encuentro entre dramaturgos y productores. Juan Carlos Rubio, que estrena Razas esta semana en el nuevo Teatro del Arte, es uno de los escritores participantes. A diferencia de otras voces, él cree que sigue existiendo una diversidad de espacios y ofertas y, además, viene observando cómo dentro de ellas el autor contemporáneo español empieza a ocupar más espacio. Aunque es evidente que el riesgo ha menguado, lo que se lleva y lo que se venderá en Mercartes, resume, es lo que se ha llevado siempre: "Las buenas historias que lleven público a las salas".

Por esta razón insiste en que los productores deben apostar por obras nacionales, porque la personalidad de un país conecta muy bien con sus propias historias, como sucede en las series de televisión, y puede por ello atraer a los espectadores. "Hay obras de aquí como Bajarse al moro, ¡Ay, Carmela! o El método Grönholm que son pelotazos históricos. Los productores van confiando en nosotros. Como autor, siempre he escrito pensando en llenar la sala, como hacía Shakespeare, porque el público es parte imprescindible del hecho teatral. Otra cosa es que escribas sólo pensando en los espectadores y no pienses en tus propias inquietudes, ahí sí hay un riesgo", distingue.

Sobre Mercartes, destaca Rubio la importancia de la presencia de los autores este año. "Es verdad que el momento es salvaje pero la cultura es un bien intangible que deja un sedimento en un país y como tal hay que valorarla. Por eso la feria no será sólo para el mercado sino para hablar de futuro, de colaboraciones, de públicos... El teatro lleva vivo 25 siglos y seguirá estándolo porque es intrínseco al ser humano. A partir de aquí, habrá que buscar soluciones, cambiar de formatos", concluye.

Fuente: El Cultural
 

PREMIOS MAX

El mejor teatro

Por Santiago Navajas

¿Todos eran mis hijosVeraneantes o La avería? Estas son las tres obras de teatro candidatas a los Premios Max de Teatro, que se fallarán próximamente. Aún está de gira Veraneantes, que deben ver sí o sí: adaptación de Miguel del Arco de una obra de Máximo Gorki que combina el divertimento con la crítica social, todo envuelto en un costumbrismo elegante aunque a veces procaz. Como si Aída tuviera de guionistas tanto a Chejov como a Santiago Segura.

Aunque al principio se puede usted esperar lo peor, cuando, mientras el impuntual público termina de tomarse las últimas cervezas y se digna sentarse a ver la representación, lee en el programa de mano:

¿Qué nos convierte en una sociedad moderna, más allá del paso del tiempo y los adelantos técnicos? ¿En qué hemos progresado? ¿Hemos solventado la injusticia, la miseria, la desigualdad, la guerra, el terror, la intolerancia? Ya ni siquiera creemos que una revolución sea posible (...) El dinero manda y lo aceptamos como un axioma más (...) ¿En serio debemos aceptar como inevitable un sistema que ahonda de una forma cada vez más salvaje y descarada en primar el beneficio económico frente a la dignidad del ser humano?

Que un sermón tan pazguato haya sido escrito por el mismo que ha releído tan inteligentemente a Gorki nos advierte de que el talento artístico no suele ir acompañando a la sabiduría política o a los conocimientos económicos. Miguel del Arco estará suscrito a Le Monde Diplomatique, a L'Osservatore Romano o alguna otra publicación antiliberal y no a The Economist o a Financial Times, será un adicto a los panfletos pseudorrevolucionarios de Hessel y no a La Ilustración Liberal, qué le vamos a hacer. A lo mejor animado por el espíritu revolucionario que le embarga, sueña con llegar a ser, como lo fue Gorki tras la por algunos añorada revolución soviética, presidente de un sindicato de escritores "por la dignidad del ser humano" o algo así.

Pero el demonio del teatro le puede más que sus ángeles políticos y los once protagonistas que se reúnen para pasar unos días de vacaciones no se escoran hacia estribor o babor político y el barco de la ironía lúcida llega a buen puerto. Porque el trepa político o el par de empresarios sin escrúpulos quedan equilibrados por la izquierdista a la caza de subvenciones y el artista puro que se hace millonario vendiendo cancioncillas pop. La obra no acaba de ser redonda porque no todos los personajes están bien dibujados, da la impresión de que algunos están simplemente para dar la réplica a otros. Entre los imprescindibles, los protagonizados magistralmente por Manuela Paso, Bárbara Lennie, Israel Elejalde y Raúl Prieto (que realizan un dueto golfista por el que ya valdría la pena el espectáculo). Y aunque las dos horas y media no se hacen largas, tampoco todas las escenas están blindadas contra la tijera. Una mayor concentración habría hecho la obra mucho más intensa.

Paradójicamente, Veraneantes es una obra de denuncia social dirigida a una clase social, la burguesía tanto progre como facha cómodamente instalada en sus privilegios y sus prejuicios, que es la misma que la pone en escena y la aplaude. Lo comido por lo servido.

Todos eran mis hijos es una adaptación de Arthur Miller dirigida por Claudio Tolcachir e interpretada por Carlos Hipólito, Gloria Muñoz, Fran Perea, Manuela Velasco y Jorge Bosch. Empieza con el descubrimiento de que se ha partido el tronco que homenajeaba al hijo de los Keller, Larry, desaparecido durante la guerra, y continúa con la aparición de la antigua prometida del mismo, Ann, de la que está enamorado el hijo que sí volvió de la guerra, Chris. Los Keller son una familia respetada después de que el empresario Keller fuese exonerado de negligencia por un tribunal, luego de que se le acusara de entregar piezas defectuosas al ejército y provocar con ello la muerte de varios pilotos; muertes que cargará el padre de Ann, socio por aquel entonces de los Keller.

Comienza como una cálida, entrañable y luminosa comedia sureña en la que todo el mundo bebe limonada y gasta bromas. Sólo unas pequeñas nubes, de esas gordas y blancas como flores de algodón, enturbian el idílico paisaje: la señora Keller no se resigna a la muerte de su primogénito y aún espera su vuelta, contra toda esperanza; además, no le hace ninguna gracia que su otro hijo, Chris, esté enamorado hasta las cachas de la novia del desparecido en combate y se quiera casar con ella. Poco a poco vamos comprobando que la bonhomía de los vecinos con los Keller es más interesada que real. Las nubes blancas se van oscureciendo y la comedia deviene drama con la misma facilidad con que termina siendo una tragedia. La temperatura baja tanto, que las sonrisas iniciales se han transformado en muecas angustiadas, rictus de horror moral.

Grandes interpretaciones aquí, entre las que destacan la sobria obsesión de Gloria Muñoz, la incandescente frescura de Manuela Velasco y ese prodigio que es Carlos Hipólito, al que he visto actuar en otras ocasiones (de El ávaro a Glengarry Glen Ross pasando por Arte) pero que aquí protagoniza el más sutil y aterrador proceso de cambio de registro para mostrar esa banalidad del mal no por viscosa y blanda menos repugnante.

Entre Veraneantes y Todos eran mis hijos deberían repartirse los premios. Porque La avería, la versión que ha hecho Blanca Portillo de la obra de Dürrenmatt, es un despropósito de principio a fin. Por lo menos lo era cuando la vi al principio de su andadura por los escenarios. Cuento pretendidamente siniestro de unos viejos enloquecidos por una delirante concepción de la justicia que invitan a pasar la noche a un inadvertido forastero, la idea recuerda a Arsénico por compasión o alguna de las Historias para no dormir de Chicho Ibáñez Serrador, pero la lentitud de Blanca Portillo no tiene nada que ver con la rápidez de Frank Capra, y tampoco tiene aquélla la inteligencia retorcida del hispano-uruguayo. Atrapados en un maquillaje elefantiásico para aparentar una edad provecta, los actores pasan inadvertidos, y la duración es a toda luces desmesurada: si Veraneantes está pidiendo unas tijeras, aquí habría que meter el hacha. Total, que mi experiencia fue soporífera, estomágante, angustiosa. ¿Qué hace esta obra mediocre y fraudulenta donde debiera estar Días estupendos, de Alfredo Sanzo? Es uno de esos misterios que tienen las Academias en todo el mundo: ahí está la de Hollywood, que prefiere peliculitas como The Artist a peliculones como J. Edgar.

En definitiva, tenemos una obra de teatro sobresaliente, Todos eran mis hijos; otra notable, Veraneantes; y por último La avería, digna de su título.

"Escenas de un matrimonio" y "Sarabanda"

La perfección por partida doble de Francesc Orella con el Bergman más teatral

04-2010 - Emilio Martínez/Soledad García
   
La perfección por partida doble de Francesc Orella con el Bergman más teatral

Mejor, imposible. O casi. Ese excelente programador que es Mario Gas, entre otras muchas cosas buenas, ha vuelto a dar en la diana. Las dos obras del genial cineasta Ingmar Bergman que se suben al Español en versión teatral, 'Escenas de matrimonio' y 'Sarabanda', dirigidas por María Angelet, rayan en la perfección. Como ese 'monstruo' y no menos genial actor que es Frances Orella.

La idea del polifacético intelectual que fue Ingmar Bergman, cuando rodó estas dos grandes películas, que protagonizaron Liv Ullman y Erland Josephsson, era la de mostrar con tanta verosimilitud como crueldad los conflictos y las heridas abiertas en las relaciones de pareja que ni el paso del tiempo ni la distancia pueden cerrar. Una idea que esta coproducción del Español y del teatre Nacional de Catlunya han captado y transmite a tope.

Así, en 'Escenas de matrimonio', gozamos de la excelente disección de la vida en una pareja tradicional, donde la pasión primera va dando paso a la cotidianidad, el aburrimiento, el conformismo ,la rebelión en el caso de él y la liberación de las cadenas invisibles a las que ella está sometida en su vida en común.

Partiendo de dos puntos de vista sociales convencionales y distintos al mismo tiempo, el masculino y el femenino analiza la evolución a peor en las relaciones matrimoniales. Los roles sociales en los que dos personas que se quieren se ven inmersos, y que, al mismo tiempo, les empujan hacia el hastío.

Cada uno se escapa a su manera. El encuentra su liberación en otra mujer más joven y ella, empujada por la realidad de su soledad obligada, aprende a ser ella misma y a liberarse de otras cargas adquiridas por su condición social de fémina.

Madurez y vejez de los mismos personajes

En el caso de 'Sarabanda', que puede verse en la misma función o en otra, partiendo de la vejez de los personajes anteriores a los que la vida les ha dado un poso de madurez, Bergman ahonda ahora en la personalidad de un hijo débil, sometido a dos mujeres, la madre y posteriormente la esposa, cuya personalidad insegura intenta proyectar en una hija a la que no quiere dejar volar, también por su dependencia hacia ella.

En ambos casos, es justo y necesario destacar la magnífica dirección teatral de la mano de Marta Angelet a la que además tenemos ocasión de ver en escena en Sarabanda. Aunque quizás hubiera venido bien algo más de acción y conflicto, sobre todo en 'Sarabanda' para que la intensidad no decaiga en algunos momentos..

A destacar, por encima de todo, además del acierto generalizado en escenografía, vestuario e iluminación, la perfecta interpretación de Frances Orella en su papel de Johann en la primera de las obras y de Erik en Sarabanda. Dos registros completamente distintos, que borda, que nos estremece y donde demuestra su ya contrastadísima versatilidad como actor. Sin olvidar el buen trabajo del resto: Mónica López, Miquel Cors, Mata Angelat y Aina Clotet.

 

Fuente: Diariocrítico

 

 

 

Crítica Teatral: Cara de perro

Nancho Novo debuta como autor y director con 'Sombra de perro'

Un gran José Coronado levanta una obra arriesgada y novedosa pero irregular

Emilio Martínez

Las virtudes de este arriesgado montaje de 'Cara de Perro', en su intento de teatro-teatro, son varias. Desde la originalidad de su argumento con un hombre, Guillermo -al que da vida, y nunca mejor dicho/escrito, genialmente José Coronado- encerrado en un contenedor de basura porque cree que su sombra en forma de perro mata, hasta los distintos niveles en que se desarrolla la acción.

Desde la reflexión que encierra el argumento sobre la complejidad de la condición humana, de las emociones y sentimientos que a veces nos hacen sacar al monstruo que llevamos dentro, hasta la originalidad del desarrollo del mismo para el espectador con varios 'flash back' en supuestos vídeos que no lo son y encarnan los actores.
Acontece también que quizás ese corolario de fondo, a modo de conclusión, que se extrae de 'Sombra de perro' no queda suficientemente claro en la forma por el propio argumento que a veces aparece como inverosímil y/o poco creíble. A lo que ayuda, en ocasiones, un texto y algún diálogo rebuscado y previsible.

En él se caricaturiza de forma algo tópica al clásico cacique 'arnichesco' de pueblo -Carlos, que interpreta Camilo Rodríguez- y también una serie de rebuscados temas colaterales e igualmente previsibles: que si la quema del monte para especular, que si los cocainómanos triunfadores, que si el machismo, que sí el apestoso mundo de la política, que si....

Y también ocurre con el resto de personajes, la siquiatra con problemas personales, la esposa de Guillermo y el narrador. Sin embargo, todos ellos aportan en sus palabras también ciertas reflexiones interesantes para escucharlas desde el patio de butacas. Y no podemos continuar porque como es una obra con suspense, algo también muy original y novedoso en España, desvelaríamos su final.

Impresionante derroche de Coronado

De ahí que 'Sombra de perro' transite ora entre los terrenos de lo 'deja vu', ora con momentos de enorme intensidad escénica y dialéctica -casi todos para el enfrentamiento verbal y físico de Guillermo y Carlos-, ora con certeros estudios sicológicos de los personajes en una sociedad hipócrita que procura esconder lo que no le gusta.

En cualquier caso, para posicionarse respecto a la obra es menester, justo y necesario acudir a verla. Porque a pesar de sus altibajos, el intento de teatro-teatro con un decorado mínimo y funcional y al servicio del argumento, y una dirección ajustada a lo que pretende, es importante y se aleja de lo fácil como ha sido y es la carrera de Nancho Novo en los muchos perfiles artísticos.

Y, sobre todo, es una delicia,un disfrute para el espíritu, un estremecimiento de las fibras sensibles, presenciar el impresionante derroche de José Coronado, perfecto y ajustado siempre en los gestos, extraordinario en la dicción y llevando con naturalidad y realismo sobre sus hombros la enorme carga de su personaje.

El resto, además del citado Camilo Rodríguez, también muy medido en la superficial grisura que se le exige por el guión,o sea Sonia Castelo, Félix Cubero y Natalia Moreno, cumplen con corrección en sus respectivas creaciones de sus personajes.

Leer crítica completa en Diario Crítico

 

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lerumeur@hotmail.es

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