Una narración escrita con una cámara fotográfica

RAFA ÁVALOS
A través de 70 imágenes, expuestas en el Palacio de la Merced, Valentín Moyano relata de forma especial la Pasión de Cristo, en este caso con escenarios en la provincia de Córdoba

Una pesada cruz de madera se divisa en el Peñón de Peñarroya-Pueblonuevo. Es una parte de un relato que en este caso no necesita de palabras. Antes, tiene lugar la oración en un olivar de Adamuz y la cena última en el restaurante Cuevas Romanas. El denominado Cerro del Castillo de Aguilar de la Frontera se convierte en el camino del Calvario. La Pasión de Cristo se desarrolla esta vez en Córdoba y provincia. Todo es descrito, únicamente, por una cámara fotográfica. Todo es narrado a través de 70 estampas. Lo más sencillo sería acudir a la expresión convertida en tópico de que una imagen vale más que mil palabras. Y sin embargo, no deja de ser cierto en esta ocasión, en que se pone en valor el arte de captar un momento y no pocas emociones con sólo un clic en un botón. Puede parecer fácil, incluso agradable, pero no lo es tanto.

Detrás del trabajo realizado por Valentín Moyano se esconden horas y más horas de intensa labor, también de todos los que formaron parte de un proyecto que tiene su germen en el visionado del film dirigido por Mel Gibson La Pasión de Cristo, allá por 2004. Entonces nació la idea para este fotógrafo y hermano de la Universitaria de Córdoba. Tanto un dato como el otro tienen importancia, pues no quiso restar dureza al contenido de las imágenes y, por tanto, de la historia. No en vano, su intención era “plasmar el dolor, el sufrimiento, el coraje y el sacrificio de Jesús de Nazaret y, muy importante, el sus más próximos”. Lo consigue a través de fotografías protagonizadas por un cuerpo que no esconde sus heridas.

Valentín Moyano | MADERO CUBERO

Valentín Moyano | MADERO CUBERO

El autor de cada una de las 70 estampas que completan el relato se basó en los estudios de la Síndone o Sábana Santa. De ahí que la imagen del crucificado, en el Peñón de Peñarroya-Pueblonuevo, sea similar a la del Santo Cristo de la Universidad o a la que se puede atender en la película antes citada. Lo más importante, la idea de transmitir a través de fotografías. Porque no sólo se logra hacer a través de la palabra, incluso a veces así existe un vacío, o de una cinta audiovisual. Tampoco se trata de un coser y cantar. Un ejemplo, el día en que se debía escenificar la Crucifixión, en que fueron 14 las horas de trabajo, con apenas 15 minutos de parada para llevar algo al estómago. Ésa fue la jornada más dura del rodaje, que en modo alguno recuerda aquellas fotonovelas de finales de los sesenta y comienzos de los setenta.

La cruz, en estos días expuesta a las puertas del Palacio de la Merced, contaba con unas dimensiones de cuatro metros y medio de alto y dos de ancho. El actor que encarnaba a Jesús sólo portó la transversal, pero Valentín Moyano confiesa que padeció el pensamiento de que pudiera haber un percance. Es lo que existe tras lo que hasta el 30 de abril se podrá ver en la sede de la Diputación Provincial. Con todo, al autor de las fotografías, iniciador de este proyecto, le queda la satisfacción de que “el resultado ha sido bueno”. Además, también hubo momentos más agradables para quienes trabajaron hasta el 26 de marzo en diferentes puntos de la provincia. “Una anécdota muy graciosa nos sucedió en Aguilar. Estábamos rodando en el castillo y pasaron muchos niños; uno se acercó al actor que hacía de Jesús y le dijo ‘acuérdate de mí cuando vayas al cielo’. Fue muy tierno”, cuenta Moyano.

Como añadido a la colección de imágenes está el making of hecho por José Antonio Buzón. El creador de la iniciativa, convertida en exposición que podría incluso ser vista más allá de la provincia de Córdoba, desvela que para ese audiovisual su autor sólo se dedicó a captar lo que sucedía a cada instante. No hubo nada programado a ese respecto. También confiesa Valentín Moyano que los actores fueron, en su mayoría, amateurs en interpretación. Sin embargo, no hicieron falta siquiera lágrimas artificiales, puesto que en las escenas más complicadas “todos terminamos llorando”. Para el proyecto, que se llevó a cabo gracias a colaboraciones de todo tipo, resultó importante el apoyo que dieron los diseñadores Nelson y Carreras, que animaron a continuar adelante.

El resultado, una serie de imágenes que se puede disfrutar junto al atrezzo utilizado y la sensación de que realmente “una foto puede expresar más que muchas palabras”. Moyano cree que la exposición “va a gustar a todo el mundo”, si bien tiene claro que “el que sea creyente lo va a vivir mucho más intenso que el que no lo sea”. El interés, al fin y al cabo, está en realizar el recorrido por una narración escrita con una cámara fotográfica.

Fuente: Cordopolis

El humanismo de Ortega

José Luis MOLINUEVO

El humanismo de Ortega se elabora desde la síntesis española en Europa y con la mirada puesta en Iberoamérica. Es, para decirlo con propiedad, un humanismo cervantino


El humanismo de Ortega tiene sus raíces en la experiencia de la vida. Se ramifica a través de una obra dilatada en el tiempo y truncada en el espacio; anima sus “empresas” culturales, educativas y políticas llegando hasta el Instituto de Humanidades. No es una mera adaptación del humanismo clásico sino que configura un proyecto de futuro en nuestras actuales sociedades tecnológicas. Tiene un sentido afirmativo, pero no a través de la reivindicación de un territorio propio entre los saberes sino recogiendo las aportaciones de todos ellos. No se trata, pues, de un humanismo literario y hermeneútico al uso sino más bien de un humanismo vital, en el que vivir significa no renunciar a nada porque la vida es una suma y no una resta. Y ésta es la forma como la vida integra la muerte que nos va, en la suma de instantes, restando tiempo. El modo de existencia es una vida tensada hasta el límite de sí misma, tal como acuñó en ese pensamiento en imágenes que es su ex libris del Arquero, expresión aristotélica de la vida plena.

La singularidad del humanismo orteguiano se aprecia mejor si lo situamos en una tradición propia y lo comparamos con otras propuestas de su generación. Aparece como un humanismo latino que construye su identidad en la tradición clásica renacentista pero desde la síntesis española. Comparte la visión de la Filosofía como Filología, y ello constituye el nervio de los “principios de una nueva Filología” que confiara a Curtius; entiende la vida como amor a la palabra, sospechando que en esa definición del hombre como “animal racional” tomada de Aristóteles es preciso recuperar el logos, no como razón, sino desde nuestra perspectiva de seres que tienen y son tenidos por la palabra. De este modo, el humanismo expresa su verdadera relación con las letras, no sustituyendo las cosas por palabras, sino convirtiendo la vida en un género literario, los textos en tejidos vitales, es decir, en el modo como la vida se ve a sí misma a través de un ser humano en una época y lugar determinados. El pensamiento y el lenguaje tienen patria aunque no sean patrimonio de una nación. Por eso, el humanismo de Ortega se elabora desde la síntesis española en Europa y con la mirada puesta en Iberoamérica. Es, para decirlo con propiedad, un humanismo cervantino. Consiste en una fidelidad al presente y a las cosas, que se tratan de “salvar” (es decir, de llevar a la plenitud de su significado) mediante la acción cultural. Pero no concebida como una tarea heroica según el ejemplo de mitos seculares a revisar, sino desde la perspectiva de lo sublime cotidiano que nos concierne como ciudadanos. Lo que revela a juicio de Ortega nuestra modernidad en su género literario por excelencia que es la novela cervantina y también el texto pictórico velazqueño es que la antigua exigencia de belleza cede paso a la nueva de verdad. Las imágenes ya no son transparentes y devuelven la mirada mostrando que somos, nosotros y las cosas, seres inacabados y menesterosos que para vivir necesitan convivir. Una convivencia basada en la distinción de la distancia que es la tolerancia o en el respeto que es como Ortega define a la cultura. En definitiva, sólo se trata de ayudar a que los demás alcancen su propio ideal, el que (todos) puedan ser lo que ellos quieren ser y no lo que nos gustaría que fueran.

Esta propuesta de Ortega tiene unos matices generacionales bien diferenciados. Al sentimiento trágico de la vida y nihilismos epocales opone un sentido estético, afirmativo de la vida. Su humanismo es de signo distinto al debatido tanto en la Carta sobre el humanismo de Heidegger como en El existencialismo es un humanismo de Sartre. Si lo que se plantea en la polémica anterior (y vuelve a resurgir ahora desde la provocadora intervención de Sloterdijk) es que hay que tomar una opción, en Ortega encontramos una opción clara por el hombre frente al ser. Es cierto que el “ser es tiempo” pero porque él mismo está sujeto al tiempo, ya que se trata de un concepto histórico que el hombre griego elaboró para hacer habitable su mundo, y es posible que igual que surgió desaparezca.

La creencia orteguiana de que somos nuestro tiempo y debemos estar a su altura le lleva a abordar uno de los fenómenos más característicos de nuestro presente, como es el de la técnica. Ha sido la piedra de toque del humanismo tradicional. En el caso de Ortega su actitud no es de rechazo sino que apunta la posibilidad de un humanismo tecnológico. Pero eso implica construir una nueva identidad y dejar fluir viejas tradiciones. Frente al discurso platónico basado en la dignidad humana, Ortega recoge la otra corriente moderna, de fuerte presencia en España, y que ensaya el discurso sobre la llamada “indignidad humana”. Para defender sus tesis de que sin la técnica el hombre no existiría ni habría existido nunca, elabora un “mito allende la técnica” según el cual el hombre ya no es en su origen un ser natural sino una anomalía, un monstruo, de la naturaleza comparado con los otros seres vivientes. La técnica es así una genuina posibilidad humana necesaria para poder estar y bien-estar en el mundo. Pero, dando un paso más, el discurso de Ortega no sólo es valioso para la técnica del siglo XX sino para las nuevas tecnologías del siglo XXI. Ya no se trata de transformar la realidad sino de crear nuevas realidades. Y es aquí donde el discurso humanista sobre el hombre como animal metafórico cobra su vigencia hoy en la “realidad virtual”, ya que la metáfora para Ortega no es sólo una forma de conocer sino también de ser y de creación de nuevas realidades fundiendo otras, pero sin confundirlas. A partir de ahí se abren todos los interrogantes. A la conocida pregunta sobre “el puesto del hombre en el cosmos” se añade ahora esta: ¿Cuál es el lugar del hombre en nuestras sociedades tecnológicas? éste es el tema de nuestro tiempo.

 

Fuente: El Cultural

Patente de corso

El maestro de ajedrez

XLSemanal - 08/4/2013

Visito un pequeño club de ajedrez, en una ciudad de provincias. Un lugar agradable, en cuyo salón hay una docena de mesas con tableros, piezas y relojes de juego. Por las tardes se dan clases infantiles, y la de hoy corresponde a niños de seis a diez años. Es la hora de salida del cole, y los pequeños cabroncetes llegan acompañados por los padres, con mochilas multicolores, anoraks y gorros de lana. Con sus inocentes caras de panoli, en contraste con esas miradas perspicaces a las que nada escapa. Saludos, conversaciones, risas. Bullicio. Nueve chicos y tres chicas. Se conocen de clases anteriores, y algunos vienen del mismo colegio. Bromean entre ellos, hablan con naturalidad de jugadas, ejercicios de ajedrez y partidas pasadas. Tiene gracia ver a renacuajos de seis años hablando con aplomo de mates del pastor y de reyes ahogados. Sorprende que hasta los más pequeños se comporten como veteranos, con la seguridad de quienes están familiarizados con las piezas y el tablero. También los padres cambian impresiones. No puedo evitar mirarlos con admiración. Con respeto. Nadie los obliga a que sus hijos aprendan ajedrez. Es más cómodo llevarlos a un parque, o a casa, y ahorrar los treinta euros al mes que cuestan las clases. Quienes puedan pagarlos. Pero aquí están, puntuales como cada miércoles. Dispuestos a esperar mientras sus enanos juegan. Aprenden. Cuajan.

No se trata de hacer campeones. Mi amigo Leontxo García, paladín del ajedrez infantil, lo ha dicho muchas veces: es una estupenda actividad complementaria para los pequeños, porque es divertida y porque los acostumbra a pensar antes de hacer las cosas. Además, un niño familiarizado con este juego puede mejorar hasta un 17 por ciento su capacidad intelectual -hay conexión directa entre la lógica del ajedrez y la lógica matemática- y también su comprensión lectora, pues el tablero ayuda a interpretar signos, asociarlos y sacar conclusiones. Los padres que traen a sus hijos son conscientes de eso. Saben que así los dotan de otra herramienta útil para moverse por el territorio hostil que siempre, al cabo, resulta ser la vida. Con tres elementos añadidos, importantes para la educación de un niño: la conciencia de que existen reglas, el respeto por el adversario -en el ajedrez y en la calle siempre habrá alguien más listo que tú- y acostumbrarlo a encajar victorias y derrotas con naturalidad. Con elegancia.

Llega el maestro de ajedrez: un individuo de aire malhumorado, sobre los cincuenta años. No tiene aspecto simpático. Con dos palmadas hace que los niños ocupen sus lugares y dispongan las piezas. Luego pide a los padres que desaparezcan. Que se larguen. Nada de ver cómo juega mi chaval, ni de nenes haciendo monerías para sus papis. El ajedrez no se juega en familia. Obedecen todos; pero como no soy padre y estoy de visita, me quedo en la puerta con algún otro progenitor, mirando de lejos. Al profesor no le hace gracia -nos dirige una mirada hostil- pero al cabo decide fingir que no nos ve. Y empieza la clase.

Lo que asombra, desde el principio, es la disciplina. Acostumbrados como estamos a que sean los enanos quienes dan el tono, el contraste es notable. Ha bastado la presencia del profesor para que todos se callen y jueguen. Aperturas, gambitos. Todo ocurre con insólita seriedad infantil. De codos en la mesa, los niños alargan la mano para mover una pieza, miran al contrincante. El silencio y el orden son absolutos. El maestro de ajedrez pasea severo, mirando los tableros. Haciendo una indicación a este o aquel jugador. Los niños obedecen en silencio, respetuosos. Tan formales que dejan estupefacto. No puedes evitar acordarte de tus maestros de infancia, cuya sola presencia bastaba para imponer disciplina a toda una clase. Y es que, concluyes, éste es un lugar privado. Aquí no hay docencia psicopedagógica políticamente correcta, sino un maestro docto en lo suyo, disciplina y niños deseosos de aprender: alumnos voluntarios que aceptan las reglas. En críos de su edad, eso resulta tan fascinante que acabas preguntándote hasta qué punto escenas así no siguen siendo necesarias. Hasta qué punto los viejos maestros como siempre fueron -severos, sabios, infundiendo respeto-, no hacen mejores a quienes tutelan. Y cuando uno de los niños mira a otro y dice algo en voz baja, distrayéndose del juego, observo que el maestro de ajedrez se acerca y le da una ligera colleja: un pescozón de toda la vida, que devuelve la atención del chico a su tablero.Algo que en un colegio de ahora podría costar al profesor un disgusto, un expediente, un titular en los periódicos. Y que desde la puerta, en donde curiosea conmigo, el padre del niño acoge con un movimiento de cabeza resignado, y con una sonrisa.    

Andalucía, una ética de la felicidad

Andalucía, una ética de la felicidad

100 años de Cernuda (1902-1963)

Luis GARCÍA MONTERO 

Luis Cernuda ha sido el último de los poetas de la Generación del 27 en conseguir el favor de los lectores y situarse entre los nombres fundamentales de su tiempo, pero esa tardanza se ha visto compensada: es, de todos los poetas de su siglo, el que hoy es más citado, leído y admirado. Especialmente por los poetas que en nuestros días publican sus libros: tanto los de más edad como los más jóvenes reconocen su deuda y manifiestan su admiración. Una decena de ellos (José Antonio Muñoz Rojas, José Hierro, ángel González, Pere Gimferrer, Guillermo Carnero, Antonio Carvajal, Antonio Martínez Sarrión, Felipe Benítez Reyes, Carlos Marzal, Vicente Gallego), diez de los más importantes poetas españoles de hoy, han elaborado para El Cultural la mejor de las antologías posibles: la de los poemas más vivos, los que les emocionan como si hubieran sido escritos esta misma mañana, y nos han explicado los motivos de su elección. Son los mejores poemas de Cernuda elegidos por sus mejores antólogos posibles: sus más fervientes lectores.


Suele decirse que los poetas verdaderos construyen un mundo personal al escribir sus versos. Esta afirmación se refiere casi siempre a la música, a los recursos y los temas, a la indagación moral que caracteriza la obra del autor. Pero el sueño de un mundo propio tiende a identificarse también con una geografía, un territorio inventado que se elabora como el paisaje exterior de los sentimientos. Si el poeta confunde la descripción de su mundo con una realidad existente cae en el costumbrismo, que no significa nunca, por más amor que se tenga al terruño, la pintura fiel de una región, sino la invención de un territorio en el que la conciencia se somete y se disuelve en una identidad imaginaria. El poeta que mantiene despierta la soledad de su conciencia sabe que es inventado el mundo que dibujan sus versos, y traza las fronteras con una voluntad ética, buscando el decorado en el que pueda encarnarse su pensamiento. Ni siquiera la tierra natal es simplemente la tierra natal cuando aparece en la melancolía de un buen poema.

Este es el caso de la Andalucía de Luis Cernuda. El protagonismo que el sur de España adquiere en sus versos resulta inseparable de la conciencia que permiten las invenciones literarias. Cuando en 1931 publica su artículo sobre “José Moreno Villa o los andaluces en España”, conoce bien el sentido lírico de la tierra a la que alude: “Andalucía, ya se sabe, es el Norte de España; pero no la busquéis en parte alguna, porque no estará allí. Andalucía es un sueño que varios andaluces llevamos dentro”. Una misma lógica le lleva a escribir en 1935 su “Divagación sobre la Andalucía romántica”. Las agresiones de una sociedad represiva fuerzan a imaginar un mundo inexistente, soñado, pero legítimo en su capacidad de invocación. Cernuda lo plantea así: “Todos somos libres, sin embargo, para acariciar ese sueño y para situarlo más acá o más allá del mundo... Un edén, que para mí bien pudiera estar situado en Andalucía... Si me preguntaran qué es para mí Andalucía, qué palabra cifra las mil sensaciones, sugerencias, posibilidades unidas en el radiante haz andaluz, yo diría: felicidad. Tal vez esta creencia sea una obsesión de poeta”.

Varios caminos ideológicos y literarios se cruzan en esta ética de la felicidad situada en la geografía andaluza. La crisis simbolista del siglo XIX, al poner en duda las visiones positivistas de la realidad, había acentuado la interpretación espiritual del paisaje. La austeridad castellana cobró un protagonismo metafórico de fuertes repercusiones literarias, argumentadas intelectualmente por Unamuno en libros como Vida de don Quijote y Sancho y El sentimiento trágico de la vida. La sequedad, la falta de intensidad sensual, el rigor de la miseria, servían para componer el paisaje del sacrificio, del héroe trágico capaz de penetrar místicamente en la vida para conquistar con la apuesta irracionalista de la fe aquello que negaba la razón. La exaltación de Andalucía iba a suponer precisamente un rechazo de esta moral del sacrificio, y por eso escribirá Cernuda, en el poema “A un muchacho andaluz”, un alegato en favor de la belleza en el que era imprescindible declarar: “nunca he querido dioses crucificados”.

No podemos olvidar que la reacción poética liderara por Juan Ramón Jiménez contra el prestigio literario castellanista tuvo una herencia inmediata en los poetas de la generación del 27. El “Andaluz Universal” llegó a escribirle en 1920 a Adolfo Salazar: “¡Antipático, desagradable, odioso, asensual castellanismo necesario de las pseudoartes españolas de hoy! ¡Abajo el arte feo! ¡Viva el arte agradable!”. Un ideal de la belleza y de la sensualidad venía a desplazar la mirada poética hacia Andalucía. Pero es necesario recordar también la discusión filosófica que Ortega y Gasset quiso mantener con Unamuno al publicar sus Meditaciones del Quijote. A la altura de 1912, aunque se sentía incómodo ante los valores abstractos de una razón distanciada de la vida, el filósofo madrileño no podía aceptar la exaltación del irracionalismo.

Apostó entonces por una razón acompasada con la vida, operación intelectual que le dio nueva oportunidad filosófica a los destinos y a las costumbres del sur. Su Teoría de Andalucía, en la que justifica el “ideal vegetativo” como una consecuencia de la plenitud existencial y de la armonía con la tierra, está muy presente en el sueño poético de Cernuda.

El joven poeta sevillano necesitaba inventar un paisaje para defender una moral de libertad, una exaltación de la vida frente a las represiones sociales. El surrealismo y la lectura de André Gide, sobre todo de Los alimentos terrenales, le habían convencido de que era imprescindible defender con orgullo su deseo, su ética de la felicidad, su condición homosexual. Debía imaginar un territorio en el que viniera a encarnarse esta ilusión. Las evocaciones de la Andalucía romántica, los recuerdos de las playas del sur, de la quietud de los cuerpos desnudos, de la belleza de la piel libre, cumplen esta tarea en la obra de Cernuda, sobre todo cuando decide no sólo combatir el paisaje hostil de la realidad, sino defender el mundo idealizado de su deseo.

La conciencia de que se trata de una invención ética es, por su puesto, otra constante en la obra de Cernuda. De ahí que no haya contradicción entre los malos recuerdos de la Sevilla real y los felices paisajes imaginados de Andalucía. La imaginación poética acentúa los agravios tanto como intensifica las promesas. Sevilla, como cualquier otra realidad, está llena de carencias, y por eso el poeta rechaza una nostalgia de tonos biográficos. Cernuda se irá siempre de todos los lugares con la necesidad de un ajuste de cuentas. Así lo dejó escrito en un verso del poema “La partida”: “Gracias por todo y nada. No volveré a pisarte”.

Finalmente, es imprescindible advertir que los paisajes inventados tienen un carácter movedizo. Más que una identidad concreta, suponen la representación de una demanda ética.

Buena parte de los valores evocados por Cernuda en “Divagación sobre la Andalucía romántica” (1935) aparecerán muchos años más tarde en Variaciones sobre tema mexicano (1952). Son los mismos valores que encontramos en la España de Galdós, la invención literaria que le lleva a escribir “Bien está que fuera tu tierra”.

El hecho poético le sirve a Cernuda, como la invención de sus paisajes, para interrogarse con lucidez sobre la realidad: “La real para ti no es esa España obscena y deprimente / En la que regenta la canalla, / Sino esta España viva y siempre noble / Que Galdós en sus libros ha creado. / De aquella nos consuela y cura ésta”.

 
Autor: Eduard Punset 3 febrero 2013

La soledad se solía diagnosticar como una variante de la depresión. Hoy se le ha reconocido lo que se atribuye a las nuevas disciplinas: sustantividad propia. El universo de cada individuo está atiborrado de luces que pueden cada una de ellas activar, neutralizar o retardar el sentimiento de rechazo o aceptación de los demás.

 

¿Cómo habían podido las primeras comunidades sobrevivir un millón de años desconociendo la naturaleza gravitatoria de la soledad? La soledad solo surgía cuando se perdía el centro de gravedad, que todo parecía arremolinar a su alrededor; se alejaba la manada y dejaba al individuo solo consigo mismo. Si la historia de los sentimientos hubiera precedido a todo lo demás, como hubiera sido lógico, el primer gran sinsabor, la primera catástrofe, hubiera sido la expresión de la soledad: la ausencia de algo de lo que todo dependía, como el sentimiento de pertenencia a la manada.

De ahí arranca el origen de la empatía, que surge como el acicate principal del comportamiento prosocial. Al contrario de lo que han predicado la mayoría de los autores y, muy especialmente, el etólogo austriaco Konrad Lorenz, las tinieblas del pasado no eran pura violencia y agresividad destilada por la trama genital de los primeros antepasados de los humanos: los chimpancés, junto a sus allegados opuestos, los bonobos. Los niveles de violencia heredados, lejos de explicarlos el entramado genético, resultan ser la pura tergiversación de la experiencia individual.

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Bonobo en soledad (imagen: Grupo Punset Producciones).

La soledad sorprende a la víctima indefensa y totalmente desacostumbrada. Nadie está solo al nacer ni a medida que va creciendo. La naturaleza se encarga de que tanto en el ejercicio del sexo como en saciar el hambre, prodigar cuidados o ser sociable se garantice la reproducción y supervivencia. Si lo único que contara fuera la aversión a la amistad y la inclinación a la violencia, los soldados en la guerra se sumirían en ella con pasión.

Todos los experimentos efectuados demuestran absolutamente lo contrario: el rechazo inicial al uso de la violencia es innato. Los soldados deben aprender a matar si no quieren sucumbir al miedo. Tal y como sugiere Frans B. M. de Waal, los conatos de violencia anteriores a los grandes asentamientos agrícolas de hace doce mil años se pueden atribuir a mentes degeneradas o efectos de desórdenes postraumáticos de crisis de estrés. Nuestros antepasados eran, en promedio, gente pacífica que solo se sentía segura cuando formaba parte de la manada. La soledad no solo era difícil imaginarla, sino la fuente de todos los desvaríos y maltratos. Solo la muerte, la pérdida de la encrucijada de regreso o la expulsión de la manada podían incubar la soledad viciosa y desesperada. Parece absurdo pretender que la soledad es la fuente de inspiración, como se ha sugerido tantas veces. Pero también es absurdo pensar que la soledad condena en todos los casos al ostracismo y la infelicidad. Anthony Storr, el médico psiquiatra inglés, supo esbozar ese mundo con desusado dramatismo: se refería al testimonio de un prisionero.

¿Puede imaginar lo que implica ser prisionero para toda la vida? Los sueños se transforman en pesadillas y se descomponen los castillos que solo la imaginación sustentaba; solamente puedes imaginar fantasías y al final aborreces la realidad y prefieres vivir en el reducto contorsionado de un rincón que no es real. Se rechazan las leyes que rigen la vida ordinaria y se aceptan solo aquellas que determinan la vida aparte del resto. Pero en tu pequeño mundo no caben ni la luz ni las sombras; solo hay la oscuridad necesaria para vivir en un mundo traspuesto y fingido.

Esceptrum

por Antonio Fernández Ruiz

Redefiniendo la privacidad


La tecnología no solo cambia los modelos de negocio dejando algunos obsoletos (las discográficas ya lo saben y las editoriales lo aprenderán pronto) y creando nuevos, sino que también afecta a la sociedad en otras facetas alejadas del ámbito empresarial. Una de esas facetas, a mi juicio muy mal entendida habitualmente es la de la privacidad.

No corren buenos tiempos para hacer defensa de la privacidad. En una época donde las televisiones hacen pedagogía continua de lo rentable que es publicitar los detalles de la vida privada, donde productos tan deleznables como Gran Hermano y sus imitadores copan porcentajes altos de audiencia, parece extraño defender más garantías para la privacidad, que está siendo amenazada continuamente por nuevas tecnologías que no están controladas por los usuarios, ni siquiera por los gobernantes elegidos por los ciudadanos. Es cierto que las redes sociales están redefiniendo día a día los conceptos de privacidad. Cuando alguien tiene "miles de amigos" en Facebook, el concepto amistad cambia de significado y todo lo que alguien publica "privadamente" para miles de personas, que en realidad no conoce, también cambia el concepto de privacidad. Al menos, en las redes sociales el usuario tiene la posibilidad de aceptar o no a los “amigos” y de elegir qué información es accesible a qué personas. No es fácil hacerlo en muchos casos pero la posibilidad existe y está en manos del usuario aprender a gestionar mejor su información privada.

Un caso aparte son las prácticas de Apple y Google descubiertas en las últimas semanas. Apple con sus iPhone/iPad y Google con todos los dispositivos móviles que llevan su sistema operativo Android están recogiendo información de localización de los usuarios, guardándola y, probablemente, enviándola de vuelta para su archivo y análisis. Como siempre, la respuesta de Apple ante la publicación de que estaba recogiendo información de localización asociada a fecha y hora en todos sus móviles (con sistema operativo iOS 4) ha sido apta sólo para creyentes de buena fe y en algún caso con afirmaciones increíbles como que los datos son anónimos, cuando es evidente que con esos datos se puede asociar, en la gran mayoría de los casos, el teléfono a una cuenta de iTunes, lo que invalida el anonimato de los mismos. La evidencia de que el iPhone recogía información de localización, incluso cuando el usuario desconectaba el servicio de localización, la resuelven afirmando que eso es debido a un “error de software” que corregirán en el futuro. Es un truco tan manido que resulta risible. Resulta sorprendente, teniendo en cuenta la fama de pulcros y cuidadosos del detalle que siempre ha acompañado a Apple, la chapuza técnica del sistema: no sólo recogen información privada sino que la guardan en un fichero ("consolidated.db") que no está encriptado ni en el móvil ni en el PC con el que se sincroniza.

En cualquier caso, lo que más me preocupa no son las prácticas de Apple, Google o cualquier otra empresa, que doy por descontadas si les son rentables, sino la respuesta de nuestros gobernantes. ¿Tanto nos han afectado los reality shows que la privacidad ya no nos importa? ¿Cuál es la respuesta de la Agencia de Protección de Datos? Por lo que dice Bloomberg, Alemania, Francia, Italia y Corea del Sur han abierto una investigación sobre el caso. Imagino que en España nos interesa más conocer en profundidad la intimidad de Belén Esteban que impedir que empresas extranjeras controlen los movimientos de sus ciudadanos sin conocimiento de ningún juez español.

Nuestro paisano Alberto Díaz-Villaseñor Cabrera ya es miembro de la Real Academia de Ciencias, Bellas Artes y Nobles Artes de Córdoba Publicado ayer

José Alonso Ballester

Peñarroya-Pueblonuevo - Cultura -

La noche del jueves 7 de marzo de 2013 leyó su discurso de presentación ante los miembros de esta Academia, en la que ingresó en mayo del año pasado

Su discurso de ingreso se basó en un estudio propio sobre el Duque de Rivas, concretamente en un libro colectivo de varios investigadores entre los que se encuentra nuestro paisano, dirigidos por el profesor de la UCO Diego Martínez Torrón. El libro lleva por título "El universo literario del Duque de Rivas" y ha sido publicado en la editorial Alfar, teniendo una gran repercusión en los ámbitos universitarios y especializados tanto nacionales como extranjeros, El capítulo donde escribe Alberto Díaz se llama "El Duque de Rivas y la tradición española como fuentes de inspiración constantes en Prosper Mérimée", basando en este capítulo su discurso de ingreso que leyó en el Salón de la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Córdoba y donde el nuevo Académico viene a deshacer la creencia que hasta ahora había de que el cordobés Ángel de Saavedra, Duque de Rivas, se había inspirado o copiado en la novela corta "Las almas del Purgatorio" de Prosper Mérimée para escribir su drama "Don Álvaro o la fuerza del sino", que está considerada como el exponente máximo del teatro español de la época del Romanticismo: “Pero según mi investigación (habla Alberto Díaz-Villaseñor) es todo lo contrario, Mérimée copió descaradamente a Rivas; para ello, ofrezco algunos comentarios históricos que lo avalan e incluso los escritos del crítico y escritor francés del Siglo XIX Barbey D'Aurevilly, que más o menos también lo corroboran...”.

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El disparate educativo

Por Luis María Anson

 

No se puede entregar impunemente la educación y los medios de comunicación públicos a los secesionistas como se ha hecho en varias regiones españolas. El disparate nace en Adolfo Suárez pero tuvo continuidad en etapas posteriores. Los resultados ahí están. La Historia de España se ha descoyuntado en todas las Autonomías conforme al aldeanismo de cada dirigente. En Cataluña y en el País Vasco, la trapisondería y la manipulación han alcanzado cotas que bordean el ridículo. Fue Loyola de Palacio quien me hizo llegar hace veinte años los textos de Historia que se cursaban en el País Vasco. Los de Cataluña me los agencié yo. Su lectura me permitió vaticinar lo que está ocurriendo ahora, cuando asistimos sin tapujos a los aspavientos secesionistas.

Rodríguez y Mateache han publicado en ‘La Razón' un espléndido informe sobre la antología del disparate educativo en Cataluña. Si con el idioma castellano se está haciendo lo mismo que hizo el dictador Franco con la lengua catalana, la Historia que estudian los adolescentes parece encaminada a ignorar a España, incluso a despreciarla y odiarla. Las aportaciones que en su informe hacen Rodríguez y Mateache resultan incuestionables. Desde los Reyes Católicos, “culpables de que Cataluña forme parte del Imperio”, hasta el Estatuto de Autonomía de 1931 y los concedidos por la nueva democracia española, casi todo lo que se enseña en los colegios catalanes tiene el propósito de fomentar a futuros nacionalistas radicales para el consecuente secesionismo. La guerra incivil, por ejemplo, solo se padeció en Cataluña. El resto de España no existe. Nuestros siglos de oro se despachan con líneas escasas y displicentes, el reino de Aragón se reinventa como corona catalanoaragonesa y “el hijo que toda madre quisiera tener” es el estudiante nacionalista que combate la unidad de España.

Tengo mis dudas de que algún gobernante español disponga de los dídimos en su sitio para borrar la tropelía educativa y establecer estudios objetivos avalados por historiadores de máxima solvencia. Y como tengo mis dudas, fácil será deducir lo que significará en un próximo futuro, lo que está significando ya, la abdicación de España en la formación educativa de los niños catalanes.

Naturalmente, Arturo Mas se está dedicando, en plena crisis económica y con deudas que le agobian y mantienen en el borde de la quiebra, a incrementar las ayudas públicas a todo lo que profundice en el sentimiento secesionista. Acaba de aumentar en un 70% las subvenciones al cine en catalán, mantiene los auxilios al teatro nacionalista y derrama de forma incesante el maná de los patrocinios a las más pintorescas asociaciones, fundaciones e instituciones de aliento soberanista.

No concibo a España sin Cataluña y sé que son muy numerosos los catalanes que no conciben a Cataluña sin España. Incluso José Luis Rodríguez Zapatero, consternado ante la tempestad por él en parte desencadenada, ha sabido rectificar, lo que le honra, con un artículo ejemplar publicado en El Mundo. El Gobierno, en fin, y también la sociedad, tienen todavía muchas cartas para desbaratar la desespañolización de Cataluña. Ojalá que sepan jugarlas con moderación y prudencia, con firmeza y eficacia.

Fuente: El Cultural

 

Savater: La cultura es la única cosa de la UE que funciona como unión

El escritor español Fernando Savater afirmó hoy en México que la cultura europea "es probablemente la única cosa de la Unión Europea que funciona como tal unión".1  

1 Diciembre 12 - Guadalajara (México) - Alberto Cabezas

De visita a México, donde participa en la XXVI edición de la Feria Internacional del Libro de Guadalajara (FIL), Savater sostuvo que "las personas cultas en Europa no dudan de que la cultura es universal, cosmopolita".

"Nuestra cultura es precisamente pasar de una cultura a Europa. Eso es lo propio de Europa", dijo Savater.

El escritor, que se presenta ante el público siempre como un gran y apasionado lector, dijo que en Europa nadie se considera culto. "Se considera culta si solo conoce las obras de su país y de su entorno".

Define la cultura como un "aire espiritual en que nos movemos, vivimos y somos" los seres humanos, en oposición a la naturaleza, conformada por "alimentos, excrementos, todo a lo que está obligado la corporalidad zoológica".

"Una persona culta conoce idiomas, lee lo mismo a (Fiodor) Dostoyevski que a Anatole France. Si existe unión en algo es en la cultura. La política o la economía, incluso la defensa, son mucho más cuestionables", apuntó.

Savater cree que en momentos como el actual "lo que está en pugna no es cultura-incultura sino formas culturales diferentes, algunas de las cuales nos pueden parecer opresivas".

Descreído de nociones como la de la "identidad europea" porque cualquier ser humano tiene identidades múltiples y porque Europa es precisamente "la multiplicidad de identidades", el filósofo dice que es un sinsentido anteponer una sobre todas las demás.

"Creo que el problema de los nacionalismos es una cosa imposible, de todas las (identidades) que tenemos, 100.000, enfatizar una como si fuera derogatoria de todas las demás", añadió.

De la situación de crisis europea actual percibe que su origen está en que "el dinero es siempre el que crea intereses contrapuestos", lo que ha generado tensiones entre los más y menos ricos.

"En el fondo todas las uniones están amenazadas por la insolidaridad", añadió.
En relación con la situación en España, un país con una tasa de desempleo que ronda el 25 % , culpa en parte de ello a la falta de inversión en educación así como de una mejor inserción del ámbito formativo en el mundo laboral.

Preguntado sobre si cree que con esta situación hace falta un nuevo pacto social, dijo que sí.
"Verdaderamente la situación actual del país es la más grave que ha habido desde la dictadura, sin lugar a dudas, a todos los niveles", apuntó.

"A pesar de que hemos pasado momentos graves, porque ha habido un golpe de Estado, un terrorismo persistente con a veces cientos de muertos al año, todo ello han sido situaciones muy graves, pero yo creo que el país mantenía cierto aire común frente a esas amenazas", apuntó.

Sin embargo actualmente "no hay muchas ideas" ni "una oposición muy clara", un cruce de reproches entre grupos políticos que no hacen suficiente autocrítica en relación con sus actitudes y, en suma, una falta de "reflexión en común" ante los problemas.

Nacido en San Sebastián en 1947 y considerado un gran ensayista y divulgador de la filosofía, presenta dos libros en este viaje a México: "Ética de urgencia" y "Los invitados de la princesa", novela ganadora del Premio Primavera de este año.

De esta última dijo que con ella no pretendió "hacer literatura humorística sino literatura con humor, que no es lo mismo", ofreciendo "una visión irónica" de los llamados profesionales de la cultura, que "son una especie de sacerdocio".

Savater ha publicado más de cincuenta obras de ensayo político, literario y filosófico, narraciones y obras de teatro. Con "La tarea del héroe" ganó el Premio Nacional de Ensayo, con "El jardín de las dudas" fue finalista del ónPremio Planeta y con "La hermandad de la buena suerte" ganó el Planeta.

Fuente: La Razón

 

El Cine Europeo reconoce al maestro Bertolucci

El director de cine, escritor, productor y poeta de la imagen Bernardo Bertolucci recibió hoy en la ceremonia de los Premios Europeos del Cine, que celebran su 25 edición en la isla de Malta, el galardón que homenajea a toda una vida dedicada al cine.0

1 Diciembre 12 - La Valeta - EFE

 

"Hace 25 años -ha recordado el cineasta desde su inseparable silla de ruedas de los últimos años, y tocado por un sombrero negro de ala ancha- estaba en el escenario de unos Premios Europeos que se celebraban en Berlín y me senté junto a Inmar Bergman, "un hombre muy bello" que le turbó hasta sentirse "incapaz" de estar a su lado.

Hoy, dice el veterano director, solo puede desear "larga vida al cine europeo", y agradecer a la Academia y a su amiga Marisa Paredes, que le entregó el premio entre muchos elogios y ternura, para concluir piropeando a los vinos de Malta.

Bertolucci, nacido en Parma (Italia), el 16 de marzo de 1941 atesora los máximos reconocimientos que un director de cine puede ansiar. Sólo una de sus películas, "The Last Emperor" (El último emperador) ganó nueve premios Óscar en 1988, pero también es autor de obras maestras, y comprometidas, como "Novecento" (1974-1976) o "El último tango en París" (1972), que han trascendido a la historia y emocionado a públicos de cuatro décadas.

Es director, productor y escritor y su formación académica está marcada por la literatura.
Licenciado en esta materia en Roma, es autor de varias obras poéticas -una de ellas ("In cerca del misterio") obtuvo el Premio Viareggio a la Opera Prima-, aunque su verdadero amor no descubrió su cara hasta que el joven Bertolucci no se encontró con Pier Paolo Passolini, del que fue ayudante de dirección en "Accattone" (1961).

Su primera producción fue "La commare seca" (1962), con una grata acogida en el Festival de Venecia y a la que siguió "Antes de la revolución" (1964), que también impresionó en Cannes, pasando así a figurar como director capaz de diseccionar las interioridades de los personajes, caso de "El conformista" (1970).

Alcanzó la madurez profesional con "La estrategia de la araña" (1971) y, la popularidad, con su "Último tango en París" (1972), lleno sensualidad y protagonizado por Marlon Brando y María Schneider, que le supuso problemas con la censura por algunas escenas calificadas entonces de escabrosas.

Pero el éxito de sus trabajos posteriores creció: "Novecento" (1974-1976); "La Luna" (1979); "La tragedia de un hombre ridículo" (1981); "El último emperador" (1987), ganadora de nueve Oscar, entre ellos los de película y director; o "El pequeño Buda" (1993).

Para Bertolucci, distinguido en 2011 con la Palma de Honor del Festival de Cannes, León de Oro 2007 a su carrera del Festival de Venecia y Medalla del Oro al Mérito de Bellas Artes de España el de hoy, ha dicho el maestro, es un reconocimiento que le llena de orgullo.

Bertolucci, inmovilizado físicamente en una silla de ruedas desde hace un par de años, opina que cine y psicoanálisis son "la décima y undécima musas" que marcaron el siglo XX.
El mismo se ha calificado de "psicoanalizado interminable" por las continuas sesiones de diván que, desde 1969, ha llevado y la mezcla caótica de memoria y fantasía, recuerdos y sueños a la hora de filmar.

Ha residido en París y Londres y actualmente vive en Italia con su esposa, ganadora de la Concha de Plata del Festival de San Sebastián por "Temporada alta" (1987).

 

Gabriel García Márquez, el 6 de marzo de 2012, fotografiado en su casa en su 85 cumpleaños. | Efe
Gabriel García Márquez, el 6 de marzo de 2012, fotografiado en su casa en su 85 cumpleaños. | Efe

30 años después del Nobel

por SALUD HERNÁNDEZ MORA | Bogotá

Pablo Neruda llamó a 'Cien años de soledad' «el Quijote de nuestro tiempo». Y un centenar de destacados intelectuales de todo el planeta incluyeron la obra entre las 20 más importantes de la Historia. Esas dos credenciales bastarían para convertir a Gabriel García Márquez en figura esencial de la Literatura universal, sin necesidad de haber ganado el Premio Nobel.

Nacido hace 85 años en Aracataca, un pueblito tórrido y pobre del norte de Colombia, García Márquez no sólo escribió una novela magistral, sino que creó un estilo propio capaz de describir, con un prodigioso dominio del lenguaje, los mundos disparatados, coloridos y mágicos de su tierra costeña. Escritor prolífico, viajero y excelente anfitrión, su prolongada ausencia de los escenarios públicos, el encierro en su hogar y diversos comentarios de algunos amigos y conocidos, han alimentado en los últimos meses las especulaciones sobre su estado de salud. Podría rondarle el Alzheimer u otro mal, puesto que, dicen, ya no puede escribir y su memoria agoniza.

La noticia saltó el 6 de julio de 2012, cuando la agencia AFP anunciaba: «Gabriel García Márquez padece demencia senil». El hermano del Nobel, Jaime García Márquez, puntualizó en esas fechas que Gabo se encuentra bien en «lo físico y lo motriz. Lo que él tiene son algunos conflictos de la memoria». No ha habido confirmación oficial, pero el periodista y escritor Plinio Apuleyo Mendoza ha asegurado que su viejo amigo ya «no reconoce a gente que no veía hace tiempo», según han publicado diarios colombianos como El Universal, El Tiempo y El Espectador, que también se hicieron eco de que Jaime Abello, director de la Fundación Nuevo Periodismo [fundada por Gabriel García Márquez], lo negaba, asegurando que no hay diagnóstico médico sobre ello.

Por fortuna para Gabo —consciente de la trascendencia de su obra y a quien gusta rodearse de influyentes personajes políticos, empresariales e intelectuales—, además de los incontables reconocimientos literarios, le han llovido en vida toda suerte de homenajes. Quizá recuerde el que le brindaron en Cartagena de Indias los asistentes al IV Congreso Internacional de la Lengua, con motivo de su 80 cumpleaños y el 40 aniversario de su celebérrima obra. «Ni en el más delirante de mis sueños, en los días en que escribía 'Cien años de soledad', llegué a imaginar que podría asistir a este acto para sustentar la edición de un millón de ejemplares. Pensar que un millón de personas pudieran leer algo escrito en la soledad de mi cuarto, con 28 letras del alfabeto y dos dedos como todo arsenal, parecería a todas luces una locura», leyó entonces en su discurso, en referencia a la edición especial de la novela que apareció en esa fecha. Entre la audiencia que le veneró esa noche se encontraban los Reyes de España, varios mandatarios, reputados escritores, algunos multimillonarios cercanos y los académicos de toda Hispanoamérica.

Casado con Mercedes Barcha, su amor quinceañero y el sólido pilar sobre el que cimentó su éxito y su felicidad, Gabo es padre de dos hijos. El mayor, el cineasta Rodrigo García Barcha, ha rodado varias películas en Estados Unidos, y Gonzalo es diseñador gráfico.

A principios de los 60 fijó su residencia en Ciudad de México, la urbe donde podía compartir sus días con autores de la talla del mexicano Carlos Fuentes o el colombiano Álvaro Mutis, su amigo del alma. Se estableció más tarde en Barcelona y desde allí pasó temporadas en La Habana, México DF, Bogotá y Cartagena de Indias. Pero en 1981 debió abandonar Colombia y exiliarse en México, acusado de izquierdista. Desde entonces pisó su país en muy contadas ocasiones, si bien a principios de este siglo adquirió, junto a periodistas colombianos, la revista 'Cambio', donde regresó de manera fugaz a su primer oficio. Escribió los perfiles de Bill Clinton y Hugo Chávez, dos dirigentes que aprecia. La aventura no duró mucho y la publicación la compró Planeta para cerrarla más tarde por crecientes pérdidas.

En el año 2002, García Márquez publica sus memorias bajo el título 'Vivir para contarla', y dos años más tarde la que sería su última novela de ficción, 'Memoria de mis putas tristes'. Es incierto el futuro de una historia de amor que llevaba años preparando, 'En agosto nos vemos'. En 2008 un periodista colombiano aseguró que estaba a punto de salir del horno, pero hasta ahora sólo conocemos los dos capítulos que 'Cambio' adelantó aquel mismo año.

Desde estas páginas conmemoramos el trigésimo aniversario del Premio Nobel de Literatura que la Academia sueca anunció el 21 de octubre de 1982, y que el colombiano recibió mes y medio más tarde vestido de un clásico liquiliqui de lino blanco. Con ese gesto, más que romper la etiqueta de una ceremonia solemne y fría, quiso dejar su impronta de autor latinoamericano.

Fuente: El Mundo

Qué son las despedidas si no saludos disfrazados de tristeza? Lo mismo que el deseo y el placer de verte mientras te desnudas y te envuelves en la sábanas. Nunca has sido mía. Nunca pude poseerte y amarte. Nunca me amaste o me amaste demasiado o me admiraste como la niña que toma una lente y se pone a ver cómo marchan las hormigas y cómo, en un esfuerzo inacabable y lleno de fatiga, cargan enormes migajas de pan. Qué son aquellas noches lluviosas en medio de la cama de un hotel. Qué el recuerdo de nuestros pasos por la calle, en el teatro o en la sala de conciertos. Qué son los recuerdos de los celos y de tus amantes y de June y de mis amantes.

Anaïs, no creo que nadie haya sido tan feliz como lo fuimos nosotros. No creo que exista en la historia del hombre y de la mujer un hombre y una mujer como tú y como yo, con nuestra historia, nuestras circunstancias; con aquello que se desbordaba en las paredes, el ruido de la calle y la explosión de tu mirada inquieta de ojos delineados en negro; con la sinceridad de tu cuerpo frágil y tu secreto agresivo e insaciable. El recuerdo puede ser cruel cuando estás volando febrilmente a tu próximo destino, a otros brazos que te reciban expectantes y hambrientos. El recuerdo de tu diario rojo que tirabas en la humedad de la cama entre tus labios entreabiertos y mis ganas de desearte. Te deseo. Te deseo con la desesperación y el anhelo de lo imposible y ya te has ido y tal vez, en un sueño imaginativo y romántico, leerás estas palabras una y otra vez, en medio de mi ciudad con la gente pasando en medio de las calles y la sorpresa en tus ojos y la gran dama con el fuego en la mano derecha.


Mi querida Anaïs, ma petite, ma jolie, infanta inquieta de sal nocturna. Te extraño cuando huyes de madrugada y te extraño cuando camino y me tomo un café en la calle; te extraño cuando June se acerca cariñosa y cuando paso por los grandes aparadores. Te extraño casi a todas horas: cuando escribo, cuando te pienso, cuando escucho las campanas que me anuncian que ya son las tres, cuando me acuerdo de las horas interminables entre humo y whisky, cuando tengo una comida que dura toda la tarde, también cuando me despido de ti cada día a la misma hora, cuando como en aquel lugar donde nos dio el aire y cuando escucho la radio. Adiós, Anaïs, adiós. Ya nos encontraremos en otras vidas y en otras vidas podré poseerte y quedarme contigo para siempre. Ya te veré en medio de la nieve y entre libros y vino.

Adiós, tuyo siempre

Henry

Carta de despedida de Henry Miller a Anaïs Nin

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Prisionero de la obra escrita

Ha llegado el momento de rescatar los elementos que hoy nos cautivan de Menéndez Pelayo


Aunque ello sorprenda a algunos lectores, no me he recatado nunca de manifestar mi admiración por la obra de Menéndez Pelayo. Ningún escritor español de su época ni de las décadas siguientes a la publicación de la Historia de los heterodoxos y Las ideas estéticas en España tuvo un conocimiento de la literatura y del pensamiento hispanos equiparables al suyo. A esa insaciable pasión cognitiva tras dos siglos de ignorancia del propio pasado y de un cruel desmayo de nuestras facultades creativas habría que añadir su dominio extraordinario de un idioma cuya riqueza léxica y variedad de matices no admite comparación alguna con el de sus contemporáneos ni con los ensayistas de las dos primeras décadas del pasado siglo, con excepción de Alfonso Reyes y Manuel Azaña.

Por dicha razón, he leído con vivo interés el ensayo de Christopher Domínguez Michael, “¿Maldito sea el martillo de herejes?”, publicado en el número de julio de la revista mexicana Letras libres, con motivo del centenario de la muerte del polígrafo santanderino. Dicho ensayo pertenece al género de las obras que esperan ser escritas desde hace largo tiempo y, en razón de ello, nos ofrece una excelente ocasión de rehacer la imagen icónica de un autor, abominado por unos, incensado devotamente por otros y desconocido hoy por los más.

Christopher Domínguez Michael centra su trabajo en dos puntos esenciales en la percepción actual de Menéndez Pelayo: el de su evolución hacia posiciones más abiertas y liberales en el ámbito literario (tenía por ejemplo muy alta estima por la obra de Galdós y Clarín), y el de lo que denomina la “triple maldición” de que es objeto desde su fallecimiento: el aislamiento intelectual de España que impidió una proyección europea de su ambiciosa empresa intelectual de crítico e historiador (Gracián fue el último autor anterior al siglo XX que influyó fuera de nuestras fronteras, ya en los enciclopedistas, ya en Guy Débord); la apropiación de su obra por el nacionalcatolicismo y la Cruzada de Franco; y su malhadado desencuentro con la generación del 98 y el movimiento poético modernista. Sumados los tres infortunios, se convirtieron en una sepultura similar a la que custodia sus huesos en la catedral de Santander después de su traslado solemne en 1956, en una ceremonia presidida por el caudillo. Fuera de excepciones, como la de Dámaso Alonso, Menéndez Pelayo dejó de leerse con el libre entendimiento que exige, y permaneció injustamente arrumbado en el desván de las antiguallas.

No podemos ignorar la otra faz del justamente llamado “martillo de herejes”

Confesaré de entrada mi deuda con él. La lectura temprana de sus Heterodoxos me puso sobre la pista de un puñado de autores que contribuyeron de modo decisivo a mi formación literaria e intelectual, autores completamente ignorados a veces durante siglos y que sólo él tuvo la curiosidad de leer. Si en los Archivos del Santo Oficio hallamos el martirologio de nuestra literatura —empleo la fórmula de Herzen para hablar de la rusa—, Menéndez Pelayo actuó de abrellaves poniendo a nuestro alcance a sus víctimas y rompiendo así la dicotomía entre lo leído y lo que no se debía leer. Su encarnizamiento con los disidentes del catolicismo oficial no excluye, como en el caso de Blanco White, una mal oculta admiración por sus logros artísticos. Si a veces erraba del todo, como en su descalificación de La lozana andaluza y de Góngora, tenía de ordinario buen tino y su prólogo a la edición conmemorativa del cuarto centenario de La Celestina supera con mucho lo que algunos especialistas en el tema escribieron con posterioridad. Cuando sus anteojeras ideológicas no se lo impedían, escribió bellísimas páginas sobre nuestros autores medievales y renacentistas. Su sentido del humor era igualmente notable y de él dan buena cuenta su divertida parodia de los krausistas o el retrato que traza del abate Marchena, sobre cuyo alter ego mexicano, Fray Servando Teresa de Mier, escribió Domínguez Michael una original biografía. Su burla de quienes ayunos de todo sentido poético y arrastrados por su desastrosa facilidad perpetran ripios o versos huecos, como nuestros bardos del XVIII, merece asimismo ser aplaudida.

Dicho esto, no podemos ignorar la otra faz del justamente llamado “martillo de herejes”. Su firme creencia en que “el genio español muere y se ahoga en las prisiones de la herejía y sólo tiene alas para volar al cielo de la verdad católica” le condujo a escribir enormidades cuya lectura sobrecoge y espanta a cualquier cabeza bien puesta. Pluma en ristre, arrebatado por su tenaz dogmatismo, Menéndez Pelayo arremete contra judaizantes, moriscos, luteranos, racionalistas, alumbrados, enciclopedistas, masones, liberales, esto es, contra quienes en vez de decir amén, se atreven a creer y a pensar por su cuenta. El temor al contagio judaico y herético, que llevó al establecimiento por Felipe II del “cordón sanitario” del que habla Bataillon, justifica a sus ojos la “enérgica reacción” del Santo Oficio sin grandes escrúpulos de conciencia respecto a quienes fueron reducidos a cenizas. Muy al contrario, califica de “sublime” la cólera del inquisidor que amenaza con su crucifijo a la infeliz beata ciega que persiste en sus “errores blasfemos” antes de ser ahorcada y entregado su cadáver a las llamas. ¡Y esto ocurre no en el siglo XV sino en 1776!

La abundancia de exabruptos sobre la “cizaña herética” y la “gárrula turba liberalesca” ocuparían docenas de páginas y por ello nos limitaremos a espigar unos pocos. Así, refiriéndose a los judíos expulsados primero de España y luego del recién incorporado Portugal, escribe:

“Solían ser hombres sin ley ni religión alguna, y esto nos explica los descarríos filosóficos de algunos pensadores israelitas de fines del siglo XVII, como Espinosa y Uriel da Costa”.

Y acerca de la expulsión de los moriscos, “aquel miembro podrido del cuerpo de la nacionalidad española”:

“Locura es pensar que batallas por la existencia, luchas encarnizadas y seculares de razas, terminen de otro modo que con expulsiones o exterminios. La raza inferior sucumbe siempre y acaba por triunfar el principio de nacionalidad más fuerte y vigoroso”.

Matizó algunos de sus puntos de vista. Pero no tuvo el valor de desdecirse de ellos

Su extremismo ideológico —su elogio del fanatismo— se expresa sin rodeos a lo largo de los Heterodoxos:

“Ley forzosa del entendimiento humano en estado de salud es la intolerancia. Impónese la verdad con fuerza apodíctica a la inteligencia, y todo el que posee o cree poseer la verdad, trata de derramarla, de imponerla a los demás hombres y de apartar las nieblas del error que les ofuscan”.

“La llamada tolerancia es virtud fácil; digámoslo más claro: es enfermedad de épocas de escepticismo o de fe nula. El que nada cree, ni espera en nada, ni se acongoja por la salvación o perdición de las almas, fácilmente puede ser tolerante. Pero tal mansedumbre de carácter no depende sino de una debilidad o eunuquismo de entendimiento”.

Con un daltonismo ético y anacronismo flagrante, semejantes a los de Menéndez Pidal, cuando contraponía el “simplicismo” de Las Casas en su condena de la esclavitud al criterio “moderno” de Francisco de Vitoria que le hallaba siete causas justificadas, fustiga a quienes defienden lo que hoy sostienen todos los ciudadanos de un país democrático. En su crítica de los liberales en las Cortes de Cádiz, elige como ejemplo de sus desvaríos la afirmación de Argüelles que no habrá “paz en las naciones mientras se pretenda que la religión debe influir en el régimen temporal de los pueblos”. ¿Qué diría don Marcelino en nuestros tiempos de descreimiento y de “relativismo moral”?

Inútil continuar: con lo citado basta. Cierto que nuestro autor matizó y enmendó con discreción algunas de sus opiniones y puntos de vista. Pero no tuvo el valor de desdecirse de ellos. Convertido en santón de la derecha política y del catolicismo ultra, permaneció prisionero de la obra escrita. Con todo, ha llegado el momento de rescatar los elementos de su obra que hoy nos cautivan. Como dice el escritor mexicano al final del ensayo que comentamos, “que cese el maleficio”.

Juan Goytisolo es escritor.

María Gil, Marte Vélez y José Catalá, inaugurando el IV Encuentro de Poesía Visual
María Gil, Marte Vélez y José Catalá, inaugurando el IV Encuentro de Poesía Visual

IV Encuentro de Poesía Visual en Peñarroya-Pueblonuevo

Ponencias, mesas redondas, exposición al aire libre y una actividad complementaria que consistía en la visita a nuestro antiguo Cerco Industrial, centran estos actos poéticos

 

Dentro del amplio abanico de actividades culturales que se han celebrado en Peñarroya-Pueblonuevo el fin de semana del 19 al 21 de octubre, se celebró también esta cuarta edición sobre Encuentros de Poesía Visual y cuyos actos centrales ha acogido la Biblioteca Municipal. Este encuentro ha estado organizado por el Centro de Poesía Visual de Peñarroya-Pueblonuevo, que ha contado para su organización con el Ayuntamiento local, la Diputación Provincial de Córdoba y la Fundación Provincial de Artes Plásticas “Rafael Botí”. Hay que decir para quienes no lo sepan, que este Centro de Poesía Visual de nuestra localidad se encuentra situado en el Polígono Industrial de “La Papelera”, en las naves que albergan la Mancomunidad de Municipios y justo enfrente del Museo Geológico y Minero. Consta de dos salas, una que sirve de sala de exposiciones y otra que alberga las más de 580 obras donadas por distintos autores de poesía visual y un fondo bibliográfico con más de 400 publicaciones especializadas en este género, amén de las revistas propias que editan, todo ello debidamente inventariado y catalogado por parte de las personas responsables del centro poético. Entre nuestros poetas visuales podemos destacar a Silvia Carrasco, Nuria Moya y Antonio Monterroso, que a su vez es el Director Artístico de este Centro de Poesía Visual peñarriblense.

 

La inauguración de este IV Encuentro de Poesía Visual tenía lugar el viernes 19 de octubre y lo hacían María Gil, alcaldesa de Peñarroya-Pueblonuevo, la Concejala de Cultura Marta Vélez y el Director del Centro de Poesía Visual, José Catalá Mansanet, quien en su intervención comenzó agradeciendo especialmente la colaboración de cuantos autores y autoras iban a participar en el encuentro: “Una colaboración que hacen de forma totalmente desinteresada. Queremos hacer de este Centro de Poesía Visual en nuestra localidad un centro abierto al público, donde cualquier persona interesada en este tipo de arte pueda visitarlo. Aparte de que tenemos una página web en Internet, a través de la cual se puede informar todo el mundo de dónde estamos y qué hacemos…/…Quiero destacar también el convenio que tenemos con el ayuntamiento local y la diputación provincial, donde todos estamos dispuestos a que esto siga adelante. Queremos también llevar este proyecto al ámbito escolar, al mismo tiempo que pretendemos que toda la población vea el esfuerzo y la importancia que tiene este tema cultural que se llama Poesía Visual…”. José Catalá finalizó mandando un saludo muy especial a Francisco Aliseda, anterior Director del Centro de Poesía Visual de Peñarroya-Pueblonuevo, que no pudo asistir a estas jornadas por motivos familiares. También en las instalaciones de nuestra Biblioteca Municipal, donde se inauguraba este encuentro, tanto la alcaldesa como la concejala de cultura del ayuntamiento peñarriblense abogaron por el mantenimiento de este centro y de toda la cultura en nuestra localidad “Pues a pesar de los problemas que surgieron en este Centro de Poesía Visual, tras la dimisión del anterior director por motivos personales, este equipo de gobierno del Partido Popular quiere seguir manteniendo su compromiso con la cultura de nuestro pueblo…”.

 

Estos tres días hemos podido asistir a diferentes ponencias, una visita guiada por el Patrimonio Industrial que antaño tuvo Peñarroya-Pueblonuevo de la mano del mejor anfitrión y Cronista Oficial de la localidad, Jerónimo López Mohedano, así como una mesa redonda el día de la clausura, domingo 21 de octubre, donde se expusieron las conclusiones y reflexiones provisionales a cargo de los relatores oficiales del IV Encuentro de Poesía Visual, Antonio Moreno Ayora y Francisco Peralto, para finalizar con las aportaciones particulares de los participantes y del público asistente a estas jornadas poéticas. Entre los poetas visuales que han participado en este IV Encuentro tenemos catedráticos, licenciados, profesores, investigadores, ensayistas o diseñadores gráficos, entre otras muchas cualidades que poseen. Y al hilo del encuentro de poesía visual, también se realizó una exposición al aire libre sobre intervenciones en el espacio que ha estado instalada en la Plaza de Santa Bárbara. Su título “Siluetas (Tránsito)”, obra de un poeta de Santa Coloma de Gramanet (Barcelona), llamado José García Obrero.

 

Fuente: Guadiato Información

 

Una mesa redonda sobre los temas abordados clausuró el encuentro de Poesía Visual

CATALÁ: “COMO ORGANIZACIÓN PODEMOS DECIR QUE HEMOS QUEDADO BASTANTES SATISFECHOS TANTO DE LA ASISTENCIA COMO DEL NIVEL DE LOS PONENTES”

Encuentro poesía visual
Encuentro poesía visual
Con una mesa redonda en la que los participantes expusieron sus conclusiones, concluyó la cuarta edición del encuentro de Poesía Visual que acogió Peñarroya Pueblonuevo del 19 al 21 de octubre.
El director del Centro Nacional de Poesía Visual, José Catalá destacó que “como organización podemos decir que hemos quedado bastantes satisfechos tanto de la asistencia como del nivel de los ponentes”.
En cuanto a las ponencias que se dado a conocer estos días Catalá señaló a Infoguadiato que “esto quizás sea algo subjetivo, pero creo que una de las que más ha llamado la atención ha sido la que hablaba de teoría de la poesía visual, aunque el nivel de todas ha sido muy alto”.
En este cuarto encuentro se abordó el estudio y el conocimiento de la poesía visual y, más extensamente, de la poesía experimental desde tres ámbitos diferenciados: lo académico, su praxis y su difusión.
Así, en el primer bloque, el profesor de secundaria Javier Álvarez y los catedráticos de universidad María de los Ángeles Hermosilla y Bernd Dietz, hablaron sobre los libros de Emblemas de la Edad Media, el experimentalismo actual y la poesía visual inglesa, respectivamente.
En segundo bloque tuvo un lugar destacado la videopoesía, con el joven y muy galardonado videopoeta Fermín Marrodán, y la ciberpoesía con quien fue su representante más renombrado, el mejicano Eugenio Tisselli. Eugenio Tisselli, creador de máquinas para hacer poesía que han alcanzado difusión mundial, en la actualidad “está intentando detenerlas, a la vez que vuelve su mirada hacia la tierra y el papel”; su ponencia trató sobre el Realismo Especulativo, o por qué he dejado de hacer poesía electrónica. Pedro Peinado, diseñador gráfico e ilustrador mostró a través de su obra las relaciones existentes entre la ilustración, el diseño gráfico y la poesía visual
En el bloque de creadores y difusores de poesía visual, Isabel Jover y César Reglero presentaron las publicaciones electrónicas, máximos exponentes en España en este campo, “Boek861” y “Boek visual”. José Luis Campal, mostró el trabajo desarrollado a lo largo de más de dos décadas en la revista ensamblada “Carpetas del paraíso”.
Durante el encuentro se expouso una abundante muestra de poesía experimental, entre la que cabe citar una exposición de poesía visual de los artistas invitados y de poetas visuales locales, diversas publicaciones de los autores intervinientes y fondos del Centro de Poesía Visual. Francisco Peralto, de Editorial Corona del Sur, y Antonio Moreno Ayora, presentaron Visual Libro, una obra magna documental que recoge todo lo publicado y expuesto sobre poesía experimental en la última década.
En el Complejo Eiffel se disfrutó de una velada poética, con carácter igualmente abierto a todo el público, en la que hubo un recitado de poesía, performance, videopoesía.
A lo largo de todo el Encuentro, los maniquíes de José García Obrero estuvieron presentes por toda la ciudad. “Siluetas (Tránsito)”, una original instalación artística, que sirvió de contrapunto a los diversos actos, marcando la potencialidad poética que los objetos encierran y las relaciones metafóricas, simbólicas, que pueden establecerse entre ellos.
Durante la jornada final del encuentro se dieron a conocer las actas del tercer encuentro de Poesía Visual que se celebró en 2010.
Fuente: Infoguadiato

En recuerdo del maestro: un lustro sin Francisco Umbral

El actor Carlos Hipólito ha recitado uno de sus textos. | Sergio Enríquez

El actor Carlos Hipólito ha recitado uno de sus textos. | Sergio Enríquez

Cinco años y dos meses. Un lustro y dos meses. Todo este tiempo hemos vivido sin las columnas, sin los "y tal", sin los "asuntos" y "la cosa" de la prosa de Francisco Umbral en el papel de los periódicos y el papel de los libros. Cinco años y dos meses y unos días desde la muerte, en agosto de 2007 de la gran firma del columnismo español, posiblemente el más decisivo escritor de la prensa española de la segunda mitad de siglo XX. En el acto en su memoria celebrado en Centro Centro, frente a la fuente Cibeles ("esa diosa insomne y cereal", que dijo el propio Umbral), el maestro solista de la contraportada de EL MUNDO (la columna, ya histórica, 'Los placeres y los días') fue homenajeado, recordado, evocado, elogiado y recitado. No necesariamente en este orden: más bien todo a la vez. Un lustro: tanto tiempo, y tan fugaz. Así habló María España, su viuda y presidenta de la Fundación Francisco Umbral en su emotivo discurso.

"Lo echamos de menos". Así concluyó su parlamento el político Enrique Múgica, que acaso resume todo el encuentro. Los columnistas de EL MUNDO Carmen Rigalt, Raúl del Pozo y Javier Villán participaron en un acto misceláneo y cercano, con mucha anécdota y un saxofonista tocando en vivo. Acudió también el director de este periódico, Pedro J. Ramírez, el presidente de la Comunidad de Madrid, Ignacio González, la alcaldesa de Madrid, Ana Botella, y Narciso de Foxá, alcalde de Majadahonda (localidad donde Umbral residía). Estos tres últimos también aportaron sus líneas de recuerdo y loa del escritor.

Más allá de la anécdota, Javier Villán, umbralólogo, consideró, sobre la evolución del escritor: «"La primacía que le dio Paco al pensamiento por encima del estilo tardó tiempo en darse. Al principio, en su obra, el estilo es fundamental. Pero fue evolucionando»". Algo de esta evolución pudo apreciarse en los pasajes, de varias partes de la obra de Umbral, que fueron recitando tres actores allí presentes y sonoros. Carlos Hipólito leyó un extracto de 'Trilogía de Madrid', Silvia Marsó recitó una parte de 'Carta a mi mujer' y Pedro Casablanc del libro primerizo del autor, 'Larra: anatomía de un dandy'.

Además, para mostrar la vigencia de Umbral en el papel caducifolio del periódico, también leyeron en alto columnas de 'Los placeres y los días', como Teoría del miedo o Nacionalismo y folclore Carmen Rigalt lo recordó bailando en los años 70 y usando un sonotone ineficaz al final de su vida. Del Pozo habló también de su vieja relación con Umbral, y el acto fue discurriendo con interludios de saxofón y variada umbralogía melancólica. Un lustro y unos meses. Tanto tiempo y qué rápido ha pasado. Cinco años huérfanos de umbralismos.

Fuente: El Mundo

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